Hoy es el día que más me gusta del año. ¡Hoy es..., Mi Cumpleaños!

 

       Me gusta la ilusión con la que cada año en el día de mi cumpleaños, abro ese libro en blanco; nuevo, impecable…, como ese olor a ropa recién lavada.

       Disfruto de mi recién estrenado cuaderno de vida, dispuesta siempre a convertir mi nueva vuelta al sol, en la mejor de mis historias por escribir; y poder completar la bitácora de mi año nuevo, día a día, hora a hora..., porque ya no hay tiempo que perder.

       Dejo que mi pluma fluya… Voy corrigiendo el guión sobre la marcha e incluso le permito algún que otro tachón; porque a veces he de reescribir los capítulos más difíciles de mi aprendizaje de vida, para aprenderme mejor la lección.

       Escribo mis sueños y proyectos con tinta del color del mar, de Mi Mar…, ese con el que converso; ese que agitado y oscuro sacude mis desvelos, y luego baila sus olas bajo el sol, hasta devolverme mi paz.

       El nuevo año, huele a comienzo de curso, a estreno..., como a material escolar. ¿Recuerdas ese olor...? Es el olor de volver a empezar.

       Huele a cajas de cartón en las que empaquetas lo viejo y lo arrinconas en tu particular desván, con el íntimo deseo de no volverlo a desempaquetar. Así, ordenando el patio interior de mi casa, con los sentimientos relucientes y las emociones bien colocadas; puedo disfrutar de la calma y el equilibrio que necesito para diseñar cada nuevo día y construir mi nuevo mundo, siempre desde dentro hacia fuera.

       Me gusta esa sensación rebosante de esperanza y confianza en la vida, y me entrego incondicionalmente a lo que ella me quiera regalar; porque ahora ya sé que si la vida me lo trae, es la asignatura que he de aprobar para mi aprendizaje y mi evolución personal. Ya no me enfrento a ella con batallas interminables; porque ella siempre gana y yo así, casi siempre aprendo.

       Mi año nuevo huele a perdón..., perdón hacia los demás; pero sobre todo a un perdón indulgente conmigo misma. Huele a borrón y cuenta nueva... Huele a no mirar atrás, salvo para recapitular, aprender, y coger impulso hacia la única dirección posible. Huele a integración de partes y a reconciliación con lo indigerible de la vida.

       Huele a objetivos logrados y a nuevas oportunidades... Huele a fortalezas recuperadas y otras de nueva adquisición. A examen repetido en el que has subido nota... Mi año nuevo huele a esa sabiduría que sólo te da la vida después de caer mil veces y volverte a levantar. Huele intensamente a gratitud por lo vivido, a superación personal, a transformación.

       Huele a silencios y a mucha introspección... A diálogo interno, a larguísimas conversaciones entre mi Yo del pasado y mi Yo del presente; porque mi Yo del futuro ha de sentirse en armonía y en paz con ambos, o no habrá evolución. Mi año nuevo huele a ese agradable aroma que desprende el saber que has dado lo mejor de ti, en tu mayor medida; en la mayor medida que podías en ese momento..., sin autocomplacencia y desde la honestidad.        

       Y con esos ropajes en mi maleta emprendo mi nuevo viaje, cada año más ligera de equipaje; que de sabios es soltar lastre y desapegarse... Despojarse de cargas y ataduras, para que lo que haya de moverse, sólo lo haga hacia delante.

Septiembre también es mi mes favorito… Me gusta mi mes, porque en él caben el verano y el otoño; y porque cada septiembre renuevo mi contrato con la vida.

       Sin ningún tipo de pudor ni rubor, y mucho menos de arrogancia; me felicito por el año que cierro, me ha confirmado que una nunca sabe a dónde puede llegar, hasta que no da el primer paso... ¡Sigo caminando…, y me encantará compartir contigo mi camino!


 

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