Ya estoy de vuelta, de vuelta a la nueva vida...
No sé si llamar a la puerta antes de entrar... Tal vez ya no haya nadie. Hace un año que no me paso por aquí, no me lo puedo creer... ¡Con las ganas que tenía yo de darle vida a este blog! Pero un año se va en nada, y este año todos sabemos que fue de todo menos un año normal. A este año que partió en dos hemisferios el antes y el después de todo lo habido y de todo lo que habrá; de todo lo que era y será, de lo vivido y por vivir; el que nos puso todas las vidas patas arriba y nos rompió muchos esquemas; el que nos unió y desunió en la misma proporción, el que mostró nuestra mejor versión y nuestra peor cara; a este año, le debemos la ilusión de creer en un mundo mejor, y la desilusión de lo efímera que por momentos me resulta esa quimera. Pero en nuestro mundo tan dual, no hay mal sin bien, noche sin día, ni mal año al que no se le pueda rescatar algo bueno. Si algo bueno nos ha traído, es “tiempo”... ¡Y a qué precio! Cada uno se lo ...