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Tres pestañeos, y... ¡Feliz Año Nuevo!

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  ¡Y aquí estamos otra vez…, tras pestañear un par de veces o tres…, y otro año que se ha terminado! Despido el 2022 con mucha gratitud por lo logrado, y por todo el aprendizaje que me deja. Ha sido un año de mucho crecimiento personal y de muchísima evolución…, de recoger la cosecha sembrada en el 2021.  Me encantan los años que me dejan un sabor a deber cumplido, a superación…, siento que el esfuerzo ha merecido la pena, o mejor dicho…, ha merecido la alegría . Este año he consensuado conmigo misma y por mayoría absoluta, cerrar un ciclo de mi vida, poner un punto y aparte. Guardar en mi desván lo que ya no me sirva para el camino, tirar lo que ya no tenga nada que aportar; y agradecer…, siempre agradecer, porque en el balance de pérdidas y ganancias, el resultado siempre es la experiencia.   Para el viaje, me pondré las gafas de ver bonito, de fijarme en lo amable, de clavar la vista en lo genuino, en lo auténtico…, en lo que de verdad “ es” . Me pinta...

De cómo un bocadillo te da la felicidad...

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                H oy me he comido mi primer bocata del verano. Ya sé que algunos no tiraríais cohetes por ello, pero yo sí.             Este verano está siendo una chufla climatológicamente hablando. Así que viendo el lado bueno del asunto, aún voy a tener que estar agradecida, por los bocatas de playa que le ha ahorrado a mi inseparable e indeleble lorza.             Con todo..., el clima del que tanto se quejan mis paisanos, ávidos de torrarse hasta rechumirse en los arenales, no afecta a mi perenne felicidad.             Soy un ser feliz por naturaleza; con sol, con nubes, con lluvia y hasta cuando caen chuzos de punta. La vida es eso... (Haz clic en la foto para verla ampliada)             Hace...

Ya estoy de vuelta, de vuelta a la nueva vida...

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         No sé si llamar a la puerta antes de entrar... Tal vez ya no haya nadie.   Hace un año que no me paso por aquí, no me lo puedo creer... ¡Con las ganas que tenía yo de darle vida a este blog! Pero un año se va en nada, y este año todos sabemos que fue de todo menos un año normal. A este año que partió en dos hemisferios el antes y el después de todo lo habido y de todo lo que habrá; de todo lo que era y será, de lo vivido y por vivir; el que nos puso todas las vidas patas arriba y nos rompió muchos esquemas; el que nos unió y desunió en la misma proporción, el que mostró nuestra mejor versión y nuestra peor cara; a este año, le debemos la ilusión de creer en un mundo mejor, y la desilusión de lo efímera que por momentos me resulta esa quimera. Pero en nuestro mundo tan dual, no hay mal sin bien, noche sin día, ni mal año al que no se le pueda rescatar algo bueno. Si algo bueno nos ha traído, es “tiempo”... ¡Y a qué precio! Cada uno se lo ...